Quizá solo un selecto grupo de individuos tienen el don de escribir con su profesión una gran historia. Puede que, únicamente, los elegidos tienen la envidiable capacidad para vivir la vida que desean y acabarla en el lugar que despierta sus pasiones.
Posiblemente, al escuchar un nombre tan sencillo como Miguel Gil Moreno nuestros cerebros no sufran, en primera instancia, ninguna conmoción pero hay espisodios que merecen ser recordados o conocidos. Miguel Gil, tarraconense de nacimiento y ciudadano de todas partes, cambió su profesión en un prestigioso bufette de abogados por su pasión, la de conocer y contar de primera mano la realidad más cruel del ser humano, la guerra. Sin duda, fue de esas personas que pensaron que a la injusticia y a la crueldad hay que enseñarle los dientes y plantarla ante los ojos de una sociedad indiferente.
A comienzos de la década de los noventa, nuestro protagonista, abandonó la abogacía y se encaramó en su moto dirigiéndose al epicentro de la violencia en ese tiempo, Bosnia. Allí, mostró en toda su crudeza el drama del pueblo bosnio en Pristina lo que le reportó, en un plazo corto, un enorme prestigio internacional como fotógrafo y cámara. Tras su paso por Chechenia, tuvo que ser la convulsa y heroica África, donde trabajaba para Asociated Press, el escenario del final de sus días. Falleció junto a su compañero Kurt Schork el 24 de mayo de 2000, con tan sólo 32 años, a manos de la guerrilla de Sierra Leona.
Miguel Gil mostró su capacidad, al alcance de muy pocos, de plantarle cara a la guerra en su propio territorio para mostrar al mundo toda su miseria. Así nos lo enseña su lema y el de la fundación que lleva su nombre;"Hay historias donde, lo más peligroso, no es arriesgar la vida por contarlas sino dejar de filmarlas".
Probablemente, como todo reportero de guerra, a Miguel Gil le acompañó un halo de vanidad, se sentía inmortal. No lo duden, tenía razón.
http://www.youtube.com/watch?v=8kxeGRERvjo

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