viernes, 3 de junio de 2011

Coltán o el interminable drama africano.


   África, "tierra con forma de corazón humano", como la denominó Graham Greene, mantiene la aureola seductora que alimenta sueños de aventureros. Sin embargo, esas connotaciones adquieren tintes dramáticos desde hace más de un siglo producto del expolio y la marginación del progreso que vive esa zona del planeta.
   Uno de sus países más convulsos, la República Democrática del Congo, alberga un auténtico tesoro natural, el coltán.  Este mineral,  desconocido para buena parte de la  sociedad, supone una de las claves para el progreso tecnológico. Su alto contenido en tantalita permite la fabricación y mejora de herramientas sin las que no entederíamos nuestras vidas, tales como; teléfonos móviles, televisores de plasma, GPS, además de armas teledirigidas.
   Párense a pensar que esa alhaja se encontrase en un país occidental, por supuesto esa nación acumularía un poder indiscutible. Pero la madre naturaleza dispuso que fuese en  África, por lo que, de nuevo, la fortuna se convierte en tragedia.
   Con frecuencia arbitraria nuestros obedientes medios de comunicación muestran la última guerra congoleña falsamente acabada en 2002 (la mayor desde la segunda Guerra Mundial con más de  cuatro millones de víctimas) como un conflicto estrictamente tribal. Cómo demuestran las investigaciones de Alberto Vazquez Figueroa y Klaus Werner entre otras, se trata una nueva mentira. El verdadero motivo de la masacre no es otro que el control de la distribución de coltán, erigido en auténtico oro azul y que ha convertido a la República del Congo (poseedor de casi el ochenta por ciento) en punto de concentración de antiguos señores de las guerras africanas como las guerrilla hutu o tutsi o los paramilitares ugandeses, todo ello con la complicidad de los diversos gobiernos congoleños incapaces de generar beneficios para su pueblo.
   El circuito es simple a primera vista, las guerrillas lo extraen de manera ilegal y se distribuye por medio de contrabando a través de las fronteras de Ruanda, Burundi o Uganda hacia occidente a empresas de  Estados Unidos, Australia o China principalmente. No es difícil deducir que, en los yacimientos, los "cavadores" trabajan en régimen de semi esclavitud y con alto riesgo de radiación. Y todo este drama con las sociedades occidentales hipnotizadas y  de espaldas a la cruda realidad.
   
  Rodeados de tecnología, África, el continente irrepetible, vuelve a abrumarnos, quizá no debamos olvidar aquel viejo proverbio romano:  Semper aliquid novi ex Africa ("Siempre aprendemos algo nuevo sobre África").

4 comentarios:

  1. Enhorabuena por el blog, Vicente! me gustan los contenidos. ya me he suscrito para seguirte la pista:)

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  2. Como siempre la historia se repite, sean los diamantes, oro, petróleo, o la materia prima que sea...

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  3. Da gusto leerte Magister.... ya hasta en latín... este es un blog de calidad

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  4. ese profee !
    me pasareee de vez en cuandoo.. asiqueee... escribee !! jeje
    un saludo.

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