"Los Celtics de Boston no son un equipo de balonesto, son un modo de vida". Así describió Arnold Red Auerbach el edifició que el mismo construyó. Y es que no se entendería la historia del deporte sin los Boston Celtics. Desde luego, cuando una institución pasa sus particulares "Térmopilas" (dos décadas sin triunfos, recuperados en 2008) y mantiene intactas su señas de identidad y su significado, sencillamente tiene una mística indestructible.
Sacrificio, solidaridad, lealtad a una identidad por encima del ego, componen la impronta de la franquicia del trébol, la más laureada de la NBA (17 anillos). Los "verdes" de la mano de Auerbach establecieron un dominio casi insultante durante décadas. Cousey,Rusell, Havlicek, Jo Jo White, Parish, Bird o Pierce, entre otros, han mantenido viva la identidad de los Celtics no sólo con los anillos de sus dedos sino con una particular manera de entender la competición que transciende a muchas facetas de la vida.
Contrariamente a la "vox populi" los Celtics fueron decisivos en la integración racial. Pese a que fue el último equipo en incorporar jugadores negros, Charles Cooper fue el primer jugador de color elegido en un draft, mientras que Bill Rusell fue la primera gran estrella afro-americana y encabezó la mayor gesta de la historia del deporte, ocho anillos NBA consecutivos. En ese punto se gestó una de las mayores y más bellas rivalidades, Celtics-Lakers. Dos estilos de juego y dos estilos de vida. Glamour contra tradición grabada en piedra, espectáculo contra sudor, indivualismo contra colectividad, luces de Hollywood contra clase obrera irlandesa...
Elegí la "vía verde", cuestión de gustos, cuestión de identidad. Por siempre Boston Celtics. Gracias.

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